miércoles, 29 de diciembre de 2010

¿Me volví antisocial?


En general, se podría decir que soy una persona abierta a la novedad. Me gusta viajar a lugares nuevos, cocinar recetas nuevas y visitar restaurants nuevos. Todo pareciera indicar que también me gusta conocer gente nueva. Curiosamente, no es así.

Cuando era más chica, estaba muy abierta a hacer amigos. Lo cierto es que a mi edad, esto ha cambiado.

Me gusta estar con mis conocidos de siempre y no me despierta demasiado entusiasmo la compañía de otra gente.

No me atrae ir a reuniones multitudinarias llena de personas desconocidas. Me dan fiaca las salidas entre parejas, los amigos de amigos y los extranjeros de visita.

Soy consciente de que lo que estoy diciendo no es muy políticamente correcto, pero es lo que me pasa.

¿Es que hay una edad en la que la lista de amigos ya está cerrada?¿O soy yo?
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sábado, 25 de diciembre de 2010

Palabras al Cielo


Dado que hoy es Navidad, lo más lógico sería que escribiera alguna reflexión sobre el tema.

En lugar de eso, voy a compartir con ustedes una oración privada: son mis palabras a Dios Hijo en este día tan importante.

Queridísimo Señor Jesucristo.

Sé que hoy vas a derramar gracias especiales. Te pido que te acuerdes de mí. Las necesito.

Ayudame a siempre saber diferenciar el bien del mal. Dame las herramientas para ejecutar el bien.

Infundí tu protección sobre todos los que amo. Fortalece las familias, los vínculos de marido y mujer, padres y madres, hijos y hermanos.

Que sepamos adorarte como tu Gloria amerita. Que no consideremos falsos ídolos. Que nunca perdamos el camino.

Danos fuerzas Señor, porque la vida está llena de obstáculos y dolores. Sosteneme la mano mientras lucho con mis monstruos. Sola no puedo.

Gracias Señor, por todas las bendiciones. Por la salud, por el amor, por las comodidades y las oportunidades.

Jesús, quedate para siempre en el alma de todas las personas. En este día, te recibo.
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viernes, 24 de diciembre de 2010

La importancia de desenchufarse


Hace ya algunos años que trabajo en la empresa familiar. Esto tiene sus ventajas y sus desventajas.

Por un lado, manejo mis horarios. Tengo la libertad de trabajar cuando tengo pilas y sólo cuando es necesario. No hace falta que haga tiempo leyendo el diario por Internet para que mi jefe vea que paso muchas horas en la oficina.

Además, tengo incentivos fuertes porque trabajo por algo propio.

Ahora bien, esto de la empresa familiar tiene sus contras. El principal, consiste en la dificultad de trazar una línea entre los momentos de ocio y los momentos laborables.

Hoy, por ejemplo, siendo 24 de diciembre, mi madre vino a cuestionarme acerca de los próximos pasos a seguir en un tema que estoy llevando. Y eso que ayer le dije que me declaraba en vacaciones por unas semanas. Pero ella hizo oídos sordos y vino a preguntarme cosas de trabajo a horas de la Navidad. Cualquiera.

Hay que saber poner un límite. Las vacaciones, las fiestas, la noche, son momentos en los que no debería hablarse de nada que tenga que ver con nuestra vida laboral. En algún momento hay que desenchufarse.

El domingo me voy de viaje a un lugar en el que (Gracias a Dios) no funciona mi celular. Entonces la gente de la oficina me sugería que llame yo para allá desde algún teléfono fijo, a lo que yo respondí: ni loca, ¿Qué sentido tiene irse de vacaciones?

Nuestra cabeza tiene un límite, y a veces hay que parar. Incluso para ser más productivos cuando retomemos las actividades.
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martes, 7 de diciembre de 2010

Moderar el esnobismo


Voy a empezar este post recurriendo a una frase trillada: todo tiene su límite.

No quiero ser hipócrita. A la mayoría de las personas nos gusta ir a lugares lindos y exclusivos, conocer a gente importante y vestirnos con marcas prestigiosas.

Ahora bien, cuando la excentricidad se desconecta de una mínima dosis de lógica, pasamos de ser meros snobs, a convertirnos en idiotas.

Hace poco fui a comer a un restaurant de moda con amigas. Muy canchero el lugar y muy chic el mozo francoparlante, pero necesitábamos una lupa para ver la comida. Decir que las porciones eran ínfimas, es una expresión generosa.

Tolero (y hasta a veces disfruto) de un poco de esnobismo, pero salir de un restaurant con ganas de ir a Mc Donalds no me parece normal.

Estoy bastante cansada de ir a boliches en los que señores de traje escrutan a las aspirantes a entrar. Me estresa saber que tengo que producirme al máximo para ser admitida, o que le nieguen la entrada a alguna amiga poco agraciada.

Confieso que en otras épocas de mi vida me he desenvuelto con soltura en estos ambientes. Hoy no me lo banco más. Estoy demasiado “vieja”.

Y hablando de esnobismo, ¿qué pasa con el polo? Antes era un deporte paquete. Hoy se ha convertido en un tilinguerío, en el que decenas de señoritas se exhiben con escasa ropa. Me atrevo a aventurar que son pocos los que frecuentan estos eventos por el deporte en sí. La mayoría sólo busca mostrarse y figurar. A ver si dejamos la mini y el push up para la noche.

Esta vida de vidriera desenfrenada ya no es para mí. Entre ser exclusivo y ser ridículo, hay una línea muy delgada.
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miércoles, 24 de noviembre de 2010

El existencialismo no existe


El movimiento filosófico existencialista que reivindica al hombre completamente libre y despegado de su esencia, carece completamente, al menos en mi mundo, de sustento real.

Durante años, pensadores muy reconocidos, han afirmado que nada nos separa de nuestra libertad.

Yo, por mi parte, siempre he sospechado que esta idea es falsa. Y hace poco, leyendo un libro de Marcos Aguinis, me encontré con la siguiente frase:

A lo largo de la vida he aprendido que la libertad absoluta no existe, porque están la responsabilidad y los límites que nos estructuran”.

Esta oración refleja perfectamente mi pensamiento. Creo que nunca se es plenamente libre.

Sin embargo, aún hoy hay personas en mi vida que me hacen planteos existencialistas. A veces me ocurre que, doblegada por el peso de mis problemas, tengo la sensación de que ya no puedo más. Ante este escenario, muchos me sugieren que deje todo, que me haga a un lado, que me aparte de los problemas.

A mí esto me resulta sencillamente imposible, por el simple hecho de que yo siento que tengo una obligación moral. Soy responsable.

Existen dos tipos de responsabilidades: las que te imponen de afuera (o externas) y las que te impone tu conciencia (o internas). Estas últimas son las más poderosas. Ineludibles.

Entonces no me parece viable un planteo existencialista. A menos que seamos capaces de evadirnos de nuestra propia conciencia. Cosa que me parece inimaginable.
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martes, 23 de noviembre de 2010

En el supermercado


Se puede decir mucho de una persona con sólo mirar lo que lleva en el carrito del supermercado.

Hoy había un señor adelante mío en la fila para pagar, que llevaba una botella de whisky, sándwiches de miga y langostinos. No hizo falta ni mirarlo para darme cuenta de que estaba frente a un bon vivant. Son mis favoritos.

Pero, a su vez, en el supermercado abundan las que yo denomino “chicas light”. Si, esas que cargan el carrito con yogur Ser, galletitas de salvado y manzanas. Honestamente, me deprimen.

También es común toparte con las clásicas amas de casa (de las que tienen miles de niñitos) que compran de todo mucho y en envase grande. Llevan el carrito lleno hasta el tope. Y encima, probablemente la compra les dure sólo una semana.

Y después está, por supuesto, el carrito del soltero: cerveza, desodorante, espuma de afeitar y comida congelada.

Los carritos hablan. Reflejan tu día a día. Hoy el mío probablemente decía que voy a pasar una linda nochecita de verano con algunos invitados: queso brie, camembert y vino rosé. No puede fallar.
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viernes, 12 de noviembre de 2010

Vestirse a la francesa


Es innegable, la elegancia es un valor perdido.

La mujer femenina y arreglada está pasada de moda. En muchos países ya existe un culto a la informalidad. La gente se produce para parecer desprolija.

El jean gana terreno, las zapatillas se imponen, el pelo parece cortado con los dientes del peluquero, cero make up, y hasta agujeros en la ropa. Ese es el look que predomina hoy en día.

Pero en Francia es diferente. Si uno camina por los barrios paquetes de París, las mujeres derrochan glamour (y los hombres también). EL JEAN NO EXISTE. Por el contrario, predominan los vestidos, las polleras, los blazers, los stilettos y, por supuesto, los pañuelos de seda.

En cambio, caminando por los barrios elegantes de Buenos Aires y otras ciudades de Argentina, lo único que se ve es un despliegue de señoritas desalineadas y despeinadas.

Parece que solamente con los años las argentinas nos preocupamos por vestirnos como corresponde. Las señoras mayores de nuestro país suelen ser muy elegantes, pero las jóvenes dan lástima.

Ya que vivimos en un mundo tan globalizado, ¿no podemos aprender a vestirnos como las francesas?

Tampoco digo que haya que viajar a París para hacer un curso acelerado de buen gusto, pero un un poquito más de Vogue por favor.

Ojalá podamos recuperar un poco de la elegancia perdida.
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martes, 9 de noviembre de 2010

El comentario


Mis años de experiencia relacionándome con distintos grupos de mujeres, me han hecho notar lo siguiente: la que se va primera de la reunión, la liga.

¿En qué sentido?, permítanme ilustrarlo.

Ayer, mientras recorría las cuatro cuadras que separan mi casa del gimnasio, pasé por al lado de tres mujeres que hablaban animadamente. Una de ellas saludó y se fue. Las otras dos, a medida que ésta se alejaba, comentaban “-Está más gorda ¿no?, -Si puede ser…”

Fue entonces cuando me di cuenta de que ese tipo de situaciones se dan frecuentemente. La partida de una de las amigas o conocidas del grupo, es seguida por un comentario malicioso de las mujeres remanentes.

No sé si será la imposibilidad de decir ciertas cosas a la cara, o la necesidad de decir algo feo sobre la otra, pero pasa.

¿Por qué será que las mujeres nos matamos entre nosotras?

Si entre ellas se pelean, las devoran los de afuera…
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domingo, 31 de octubre de 2010

¿A dónde vamos?


Durante siglos, hombres y mujeres hemos perseguido la felicidad. Pero lo curioso de la felicidad, es que significa diferentes cosas, dependiendo de la persona de que se trate.

Para algunas, la felicidad es casarse y tener hijos. Para otras, la felicidad es el éxito profesional.

Unas pocas, necesitan todo lo anterior.

Y también estamos las que todavía no sabemos bien qué se necesita para ser feliz.

Muchas veces he escuchado que la felicidad no es alcanzar un objetivo, sino saber disfrutar de las pequeñas cosas en el camino. Aún así, necesitamos saber para dónde ir, ¿o no?

Saber quiénes somos y a dónde vamos no es algo sencillo. Hay quienes pasan toda una vida preguntándoselo, sin encontrar respuesta.

Creo que ése es mi mayor miedo. Le temo más a nunca saber qué quiero, que a fracasar en el intento.

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martes, 26 de octubre de 2010

Heridas de mujer


Muchas veces he escuchado decir que la lucha por los derechos de la mujer es un concepto antiguo. Que los atropellos a la integridad femenina son cosa del pasado.

Permítanme decirles, nada más lejos de la realidad.

Podría enumerar cientos de formas de discriminación a la mujer, que aún persisten.

Sin embargo, voy a hablarles de un solo caso. Un caso tan estremecedor, que cuando lo leí en la revista Sophia, no pude evitar llorar.

Waris Dirie, se hizo conocida en un primer momento, por su trabajo como modelo. Pero esta mujer nacida en Somalia, ha dedicado sus días a mucho más que la pasarela.

Es una luchadora incansable, que se dedica a combatir una realidad aberrante, que es la mutilación genital femenina.

Cada año, millones de niñas de algunos países de África y Asia, sufren esta imperdonable injusticia. La misma Waris, fue una de ellas.

Para tomar realmente conciencia de lo que esta práctica implica, quisiera transcribir su relato en primera persona:

“Un día mi madre me dijo: “Mañana es el día de Gudniin” y esa noche recibí doble ración de comida. Cuando el día llegó, no sabía lo que iba sucederme. Fui con mi madre cerca de unos arbustos, donde apareció una gitana, me acostó en el piso y abrió mis piernas mientras mi madre me sostenía los brazos. La mujer sacó una cuchilla rota, poco afilada, mi madre me tapó los ojos con una venda, me puso una raíz en la boca y tomó mi mano. El dolor era indescriptible y yo rezaba para que terminara de una vez, hasta que me desmayé. Cuando desperté la gitana me había cosido y dejado una abertura del tamaño de la cabeza de un fósforo. Ataron mis piernas juntas desde los tobillos hasta la cadera para evitar que la herida se abriera. La herida se infectó y tuve fiebre por varios días, pero fui afortunada porque no morí…”

El testimonio es crudo, pero creo que conocerlo es la única forma de comenzar a entender la magnitud de esta atrocidad.

A Waris le dijeron que todo era para convertirla en una mujer respetada.

Ella siempre sospechó que algo estaba mal, más allá de las costumbres de su tierra natal, y pudo escapar. Pero muchas otras mujeres desconocen que merecen una vida diferente.

Estas cosas suceden cuando perdemos la noción de lo que valemos, de nuestra dignidad femenina.

Si querés apoyar la causa de Waris Dirie, entrá en http://www.waris-dirie-foundation.com/en/
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domingo, 24 de octubre de 2010

Las tres letras


Perdone el lector si mis escritos suenan mucho a queja, pero estoy cansada de toparme cotidianamente, con detalles machistas.

La semana pasada, por ejemplo, me llegó la invitación al casamiento de mi prima.

Lo que me indignó fue que el sobre decía: “Juan Pérez y Sra.” (Aclaro que he alterado el verdadero nombre de mi cónyuge para no involucrarlo personalmente en el presente descargo).

Así es, conozco a mi prima desde que nací, ella me cuidó cuando yo era chiquita y pasé miles de navidades con ella.

Sin embargo, mi nombre no figuraba en la invitación a su casamiento.

Pusieron el nombre completo de mi marido (cuya única relación con mi prima es que está casado conmigo).

A ver. No soy pretenciosa. Me hubiera bastado con mi nombre de pila escrito en el sobre. Pero no, nada.

Ni siquiera se dignaron a ponerme “Señora”. Simplemente “Sra.”

Cuando las mujeres nos casamos, toda la correspondencia dirigida a la pareja va con el nombre del tipo. Y nosotras nos tenemos que conformar con esas tres letras, esas tres miserables letras, para sentirnos aludidas.

Sin palabras.

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martes, 19 de octubre de 2010

El falso feminismo


Hace pocos días, un grupo de mujeres marchaba en la República Argentina reclamando “el derecho al aborto”.

Estas mujeres decían reivindicar el feminismo. Qué curioso.

Yo siempre entendí al feminismo como un movimiento que lucha por el reconocimiento de los derechos de la mujer, con todo lo que ello implica.

Dicen que las mujeres somos más intuitivas y sensibles, características necesarias para lograr la virtud más alta de todas: la justicia.

Afectar directamente los derechos de una persona inocente no es justo. Matar no es justo. El aborto no es femenino. Por lo tanto, no tiene nada que ver con el feminismo.

Reconozco que hay un problema instalado, pero la solución no es salir a matar bebitos.

La anticoncepción existe para evitar embarazos no deseados. Siempre es mejor prevenir.

Salvo en casos muy extremos, no me parece que interrumpir un embarazo sea un derecho de nadie. Porque nadie tiene derecho sobre otros.

Es paradójico que las mujeres, generadoras de vida, estemos hoy luchando contra ella.

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jueves, 14 de octubre de 2010

¿Cremas milagrosas?


Ayer estaba leyendo el prospecto de mi nueva crema para la cara.

Si, ahora estoy con todo este tema de las cremas hidratantes anti edad. Me faltan algunos años para los treinta y hay que empezar a cuidarse.

Ustedes dirán que soy una exagerada, pero más vale prevenir que curar.

En fin, resulta que estaba leyendo las indicaciones de la crema y algo llamó poderosamente mi atención.

Parece que esta crema que me compré suaviza los efectos en la piel de las principales causas de envejecimiento. Y resulta que la principal causa es el estrés emocional.

Me quedé pensando. Si realmente es así, entonces estamos en el horno. No hay crema que aguante. Es un divague.

Puedo comprarme la idea de que la crema combate los efectos del clima y la contaminación ambiental.

Ahora, pensar que este pequeño pote de crema va a poder con todo mi estrés cotidiano, ¿Qué se creen, que soy idiota?

Salvo que la crema se aplique directamente sobre el cerebro, generando una acción sedante, dudo que pueda amortiguar los efectos de mi estrés emocional.

Así que a menos que inventen una crema que vaya a la oficina por mí, señores de la industria cosmética internacional, no cuenten conmigo para volver a pagar precios ridículos por cremas charlatanas.
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martes, 12 de octubre de 2010

Una habitación propia


Siempre he sido una mujer poco convencional. Además, he tenido la suerte de conocer a un hombre que comparta mis ideas.

Desde el principio de nuestra relación, siguiendo a mi querida Virginia Woolf, él y yo decidimos que queríamos tener cuartos separados. Hoy, casados y con una casa en común, nuestra intención se ha materializado.

Dormir con el ser amado es una sensación muy linda. Una se siente protegida. De hecho, la mayoría de las noches mi marido y yo dormimos en la misma cama.

Aún así, creo que realmente es aconsejable que cada persona de la pareja tenga su propio espacio.

Mi cuarto es 100% yo. Tengo mis libros de derecho, mi literatura femenina y mis toneladas de zapatos.

El cuarto de mi marido es 100% él. Está Tolkien, Willbur Smith, Edgar Allan Poe y todos sus ídolos.

Él puede jugar a su odiosa play station sin que yo lo moleste, y yo puedo ver Sex and the City hasta altas horas de la madrugada.

Cuando no me siento muy sexy, duermo sola en mi cama. De esta forma evito tener que estar impecable todas las noches.

Cada persona es una individualidad y no me parece sano tener que dormir siempre juntos. Más aún, teniendo en cuenta lo íntimo que es el descanso.

La privacidad es un bien que hay que cuidar, ya que ayuda a mantener el misterio.
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jueves, 7 de octubre de 2010

Cómo insultar a una mujer


Hace unos días iba caminando por la calle y pasé por al lado de una pared blanca en la que podían leerse dos frases. Una de ellas iba dirigida a un ex presidente, la otra apuntaba a la actual presidente de la Nación.

La primera decía simplemente: “Pirulito: Ladrón”. La segunda, mucho más chocante, “Pirulita: yegua puta”. Sepa el lector disculpar que reproduzca estas palabras, pero resulta necesario para ilustrar mi punto de vista.

Este grafiti me hizo pensar en el tema de los insultos.

En todos los ámbitos, no sólo en la política, cuando se insulta a un hombre, se lo ataca por lo que efectivamente es criticado: ladrón, corrupto, degenerado, etc.

Ahora bien, cuando se quiere agraviar a una mujer, se recurre sistemáticamente a su sexualidad: puta, yegua, perra, etc.

Incluso cuando realmente se quiere herir a un hombre, se utilizan expresiones injuriantes para con la madre o hermana de éste. Sin embargo, nada suelde decirse de las elecciones sexuales del hombre (salvo cuando se usa la homosexualidad como insulto, que realmente no es tal).

Pareciera que para los hombres ser promiscuo no es malo, pero para nosotras sí lo es.

Perdonen que sea insistente pero, ¿no les parece misógino? ¿No es esta, acaso, otra forma más de reducir a la mujer a su vida sexual?

Yo no defiendo las políticas públicas de la Presidente. Es más, no las comparto. Sencillamente creo que si nos van a insultar, las mujeres merecemos al menos un poco más de creatividad.
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domingo, 3 de octubre de 2010

Ser caballero no es retro


Hay quienes tienen serias dificultades para diferenciar machismo de caballerosidad.

A esta altura de la historia ya todos sabemos que hombres y mujeres tenemos las mismas posibilidades. Pero eso no quiere decir que a nosotras no nos guste que nos mimen.

A ver si soy clara, obviamente tengo la capacidad de abrir la puerta del auto, aún así me gusta que mi hombre la abra por mí.

También puedo comprarme un par de zapatos, pero me encanta que me los regalen.

Las mujeres somos seres delicados y elegantes (o deberíamos serlo), y como tal es lógico que seamos consentidas por los hombres.

Ser caballero no es retro.

¡Que nunca se acaben los ramos de flores, las comidas a la luz de las velas y las frases galantes!
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miércoles, 1 de septiembre de 2010

Confesiones de una feminista


Durante toda mi vida, he opuesto firme resistencia frente a todas las costumbres y formalidades que la sociedad impone a las mujeres.

Mi rechazo por las tradiciones opresoras y patriarcales, me llevó a sostener en mi temprana juventud, que yo nunca iba a casarme.

En pocas horas, yo, la feminista militante, dejaré de ser soltera, para convertirme en una mujer casada.

Los años me han demostrado que el matrimonio no tiene sentido en sí mismo, sino que lo tiene en relación a otra persona: el ser amado.

Nunca pensé en conocer a un hombre que entendiera mi compleja mentalidad. Él no sólo me entiende, abraza mis ideales y los comparte.

Este hombre me quiere a pesar de mis miedos y de mis exigencias. Y por sobre todo, toma mi polémica peculiaridad, como el motivo para elegirme.

En breve, voy a reafirmar, frente a Dios, que este hombre es único, amigo, amante y amor de mi vida.

¡Nos vemos a la vuelta!
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sábado, 28 de agosto de 2010

El delgado límite entre la estética y el materialismo


A mujeres como yo, nos gustan las cosas estéticas: los vestidos lindos, los zapatos elegantes, las casas con encanto y los lugares soñados.

En la mayoría de los casos, este gusto por lo estético y glamoroso, es interpretado como un apego a las cosas materiales.

María Antonieta, Reina de Francia, vivió muchos años estigmatizada como una mujer frívola y superficial. Tiempo después, el estudio de documentos históricos permitió demostrar que, en verdad, fue una persona noble, amorosa con sus seres queridos y con una inteligencia artística destacable.

A nadie le gusta que lo tilden de materialista, pero si por el término materialista debe entenderse una fuerte inclinación por la belleza de las cosas materiales, entonces con pesar, debo confesarme materialista.

Ahora bien, creo yo que el materialismo es otra cosa.

Una persona materialista es la que hace girar toda su vida en torno a la posesión de cosas materiales, postergando los bienes afectivos y espirituales.

Todos perseguimos las cosas terrenales, en cuanto tenemos un cuerpo y un alma con necesidades ilimitadas. Distinto es el caso de aquellos que priorizan, ante todo, lo material.

Concluiría esta breve reflexión diciendo que existen dos tipos de materialismo: uno bueno y otro malo. El bueno es el que nos permite desarrollar nuestro sentido de la estética. El malo es el que nos aleja de lo esencial.
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viernes, 27 de agosto de 2010

La TV provocativa


¿Por qué últimamente todos se horrorizan con los programas de televisión que pasan señoritas con poca ropa?

Desde que yo tengo recuerdo que existen programas de este tipo. Está bien, no tengo muchos años de edad, pero cuando yo era chica ya existían los mismos programas misóginos que existen ahora, y nadie se quejaba tanto.

Mientras los pasen en el horario de protección al menor, no hay gran daño.

Además, todos tenemos un control remoto que sirve exactamente para cambiar el canal cuando no nos gusta lo que estamos viendo.

Por otra parte, hay que admitirlo, “la culpa no es del chancho, sino del que le da de comer”. Estos programas de TV existen porque la gente los consume.

Mujeres, dejemos de engañarnos, a los hombres les gusta ver lolas y colas. Y no hay nada que podamos hacer al respecto. Así están diseñados.

Así es que dejemos de luchar contra los molinos de viento, y aceptemos las cosas como son.

Por favor, no crean que estoy haciendo una apología de estos espectáculos carnales. Solamente quiero ahorrarles tiempo y energía a todos aquellos que salen a decir que la televisión argentina es un desastre.

En todas partes del mundo hay programas subidos de tono, y seguirán habiendo mientras hayan hombres (y mujeres) que los miren.

Sólo hay que mantenerlos fuera del alcance de los niños. Por lo demás, deben ser tolerados.
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martes, 24 de agosto de 2010

El boliche


Cuando tenía algunos años menos me encantaba salir a bailar, o como se dice habitualmente, salir al boliche. Nos juntábamos con mis amigas, nos producíamos para matar y salíamos a la noche.

Pero en este último tiempo, he comprobado que ya no me lo banco más. Ojo, no me malinterpreten, me encanta estar con amigas, arreglarme y salir. Lo que no soporto más, es el boliche en sí mismo.

Analizando los motivos de este cambio, he arribado a una conclusión: el programa de salir a bailar no cambió, la que cambió fui yo.

Para empezar, antes no me molestaba morirme de frío esperando para entrar. Admito que me he fumado colas eternas a altas horas de la madrugada para ingresar al boliche de moda.

En ocasiones el sistema nos beneficiaba y, como estábamos bien lookeadas, el patovica nos hacía pasar sin hacer cola. Hoy en día ya no me someto a ninguna de estas cosas. Ni a congelarme con mi vestidito en la puerta, ni a mostrar piel para que el señor de seguridad te haga entrar.

Tampoco tolero más los empujones y los pisotones. Supongo que antes no me molestaban porque llegaba al boliche con unas copas arriba, pero ahora que tomar por tomar ya no es un programa, se me hace bastante difícil. Encima sufro por mis zapatitos, y me da pánico que me quemen el blazer con un cigarrillo.

Siendo más joven, iba al boliche con la esperanza de encontrarme al chico que me gustaba en aquel momento. Actualmente, a punto de casarme, ese incentivo ha desaparecido.

Además, hay que decirlo, los hombres en las discotecas se comportan como primates en celo. Desesperados por capturar alguna presa para satisfacer sus deseos más bajos, te agarran de la cintura, te acarician el pelo y te susurran piropos trillados al oído. Fiaca!!!

Los tragos, en general, son cuestionables, servidos en vasos de plástico en los que el barman deposita el hielo con la mano. Usan las marcas de bebidas blancas más baratas del mercado y además son carísimos.

Al día siguiente me despierto cansada y con resaca, porque, enfrentémoslo, el cuerpo ya no aguanta como antes.

Y bueno, ¿qué le vamos a hacer? Nos vamos poniendo viejos y los gustos van cambiando.

Hoy prefiero ir a comer algo rico, o tomar un buen trago a algún lugar donde me atiendan bien y donde la música no está tan fuerte!!!

¿Amarga yo? Y no sé. Los años no vienen solos…
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viernes, 20 de agosto de 2010

Una señora bien


Todas sabemos que a los hombres les gustan las mujeres sexys y divertidas. Pero para muchos, estas características son sólo aceptables en la medida en que no se refieran a sus novias/mujeres.

Si, mis queridas amigas, aún quedan muchos cavernícolas que clasifican a las mujeres en dos tipos diferentes: o putas o santas.

Estos seres masculinos con cabeza prehistórica, no admiten que sus parejas hagan nada “fuera de lugar”. Las quieren vestiditas discretas, con opiniones neutrales, amistades que ellos aprueben y de vuelta en casa temprano. No dejan que se diviertan o que se suelten. Pretenden un comportamiento acorde a lo que ellos llaman “una señora bien”.

Las mujeres no nos damos cuenta del peligro que esto acarrea.

Si un tipo te elige la ropa, los amigos, qué decir, hacer o pensar, entonces ese tipo no te respeta.

Son hombres que tienen “culturalmente” arraigado que son los dueños de sus mujeres. Y lo más triste es que algunas interpretan esto como signo de amor.

Yo les recomiendo, chicas, que si ven a uno de estos personajes, corran, bien lejos.

De la subestimación femenina al maltrato psicológico o físico, hay sólo un paso.
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jueves, 19 de agosto de 2010

La verdad te hará libre


Hoy estaba en la peluquería transformando mi castaño natal en un rubio oscuro, cuando leí en una revista un artículo que me llamó la atención. (Si, admito que consumo literatura muy cuestionable cuando voy a la peluquería).

En fin, resulta que una mujer norteamericana ha escrito un libro cuyo título traducido al español es: “¿Porqué los hombres aman a las cabronas?”. Por lo poco que leí, la autora dice que son exitosas en el amor las mujeres más egoístas y menos concentradas en sus parejas. Como que la mina buena que dice a todo que sí, no es atractiva.

Acompañando la entrevista de esta escritora, un periodista opinaba sobre la tesis sostenida en el libro.

La réplica del periodista al libro en cuestión consistía en que sería poco sano que las mujeres tuvieran que estar permanentemente sosteniendo un personaje de mala para retener a sus hombres. El periodista que comentaba el libro, considera que las mujeres no deben alterar quiénes son en realidad.

Yo creo que lo que este periodista no entendió es que al afirmar frases como “Los hombres las prefieren malas” o “los hombres las prefieren brutas”, no se está diciendo que todas las mujeres tienen que ser malas ni brutas.

Simplemente se sostiene que, en general, los hombres tienden a aprovecharse de las buenudas, y a asustarse con las inteligentes.

Es un dato de la realidad que, claro está, admite excepciones.

Ahora bien, este dato no debe ser tomado como un incentivo para trastornar la personalidad de nadie. Creo sin embargo, que es muy útil que las mujeres lo sepamos para tomar una decisión informada al momento de relacionarnos con el sexo opuesto.

La verdad no ofende, en todo caso, te ahorra tiempo, ¿o no?



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jueves, 12 de agosto de 2010

Esta soy yo


Desde este blog siempre he defendido que lo más importante es ser uno mismo. Pero ¿qué pasa cuando ser uno mismo implica ser insoportable? ¿Debemos mantener nuestra esencia, o debemos cambiar? Más aún, ¿son las personas capaces de cambiar?

Sin duda es importante ser fiel a uno mismo. Sin embargo, también es verdad que, ciertas pautas imprescindibles de comportamiento social deben ser observadas. Por más que uno sea muy temperamental, no se puede andar por la vida gritando ante lo mínimo que no nos gusta.

Las malas costumbres pueden educarse, y los defectos innatos, creo yo, pueden suavizarse.

El problema con los defectos innatos es que, aunque se repriman, tarde o temprano saltan a la luz.

Conozco a mucha gente que ha logrado transformaciones importantes de conducta y de personalidad.

De cualquier forma, todo parece indicar que existe un núcleo básico de características que no pueden modificarse. Salvo, claro está, que se atraviese por una experiencia límite.

Ello me lleva a concluir que cada persona es como es. Y si bien es sano intentar mejorar, hay cosas que nunca cambian. Es más, me atrevería a decir que con el paso de los años, se profundizan.

Por lo tanto, no queda otra alternativa más que rodearnos de gente a la que queremos tal como es. Intentar cambiar a las personas es inútil. Lo máximo que puede esperarse es que cada tanto, se esfuercen por hacer algunas concesiones.

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domingo, 8 de agosto de 2010

El día que me fui del mundo


Las mujeres somos multifuncionales. Hacemos miles de cosas a la vez. Queremos estar en todos lados al mismo tiempo. Nos demandamos mucha energía, en ocasiones más de la que tenemos. Cuando esto último ocurre, nuestro sistema colapsa.

Hace unos días me pasó. Venía de un nivel de estrés considerable. Problemas laborales, sumado a un cambio muy grande en lo personal, llevaron mis fuerzas a su límite. Mi cabeza ya no funcionaba. Me olvidaba de las cosas. Se me caía el pelo y se me brotaba la cara. Cualquier cosa me hacía llorar, hasta la más mínima discusión. No coordinaba mis movimientos: me golpeé con la punta de la mesa, con el marco de la puerta y con el picaporte. Estaba irritable y cansada. En pocas palabras: no me aguantaba ni yo.

Es lógico. Nadie es invencible y llega un momento en que NECESITÁS PARAR.

Entonces esa noche tomé una determinación: me bañé, me puse el pijama, apagué el celular, puse la agenda en un cajón donde no pudiera verla y me metí en la cama. Dormí hasta el mediodía y durante todo el resto de ese día no escuché a nadie, no pensé en mis preocupaciones, no me exigí nada, NO HICE NADA.

No voy a mentirles, tampoco es que ahora estoy renovada, pero esa pausa evitó que mi cabeza y cuerpo explotaran.

Todas las mujeres del mundo (y calculo que hombres también) necesitamos irnos del mundo cada tanto, porque es muy difícil estar inmersas en la vorágine todo el tiempo.

Este consejo que les doy es aún más cierto cuando tenés hijos, pero simultáneamente, más complicado de aplicar. Hay que tratar de dejarle los chicos a alguien y hacerlo, desenchufarse.

Andate del mundo por un día.

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miércoles, 4 de agosto de 2010

¿Monogamia masculina?


Según la forma de pensar en nuestra sociedad, todas las mujeres quieren tener una relación de pareja estable, mientras que los hombres simplemente quieren ir a la cama.

Ya sé lo que me van a decir, hay hombres que quieren una relación seria y mujeres que sólo quieren divertirse, pero enfrentémoslo, no pareciera ser la generalidad.

Esta forma en que se organiza la sociedad es completamente perjudicial para la mujer. Si tuviera un peso por cada chica que padece esta mentalidad, sería multimillonaria.

El hombre que se pone de novio, se compromete o se casa, tiene que lidiar con cargadas y comentarios burlones por parte de otros hombres.

Es que ser monógamo no está bien visto. El matrimonio es una institución bastardeada y devaluada. La fidelidad masculina está en vías a desaparecer. Las pocas que se salvan de los cuernos tienen que agradecer al Cielo. Pero la fidelidad es un presupuesto para que exista una pareja bien constituida. Es lo mínimo que hace falta.

Sinceramente, no tengo muy en claro si esta inviabilidad de la monogamia es de origen biológico o cultural. Sea como sea, las mujeres estamos complicadas.

Ante este escenario macabro, yo me pregunto ¿qué nos queda?

Abogo por las mujeres que aún defienden su dignidad. Somos libres de elegir a alguien que nos respete y nos valore. Y si no hay nadie que cumpla las condiciones, pues estaremos solas.

Las invito a romper con todas las estructuras y solemnidades inútiles que rodean a la relación de pareja.

Mantengan sus espacios. Si pueden, tengan cuartos y baños separados. Es importante que cada uno tenga sus actividades propias. No intervengan en las actividades del otro. Una pareja es igual a dos individualidades.

Conserven el misterio. Estén siempre femeninas y prolijas.

Los celos no sirven. Créanme si las quieren engañar, las van a engañar igual.

Quiéranse. Sepan lo que ustedes valen. Y buena suerte.
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viernes, 30 de julio de 2010

El fin del misterio


Durante siglos el sexo ha sido visto por distintas culturas como algo prohibido, pecaminoso y perjudicial. Como dice Marcos Aguinis en su libro “Elogio del Placer”, lo placentero ha sido reprimido, castigado y perseguido.

En la actualidad, subsisten falsas culturas que siguen condenando una sexualidad plena, sobre todo la femenina.

Creo, sin embargo, que es innegable que en nuestra sociedad hoy se vive de modo completamente diferente. El sexo ya no es reprimido. Todo lo contrario, está muy patente.

El fenómeno de Internet permite que inmensas cantidades de pornografía estén a sólo un click de distancia.

Ni siquiera hace falta prender la computadora, pasar por al lado de cualquier kiosko de revistas, es un incesante bombardeo de imágenes de señoritas en posiciones insólitas mostrando toda la mercadería.

En la televisión el sexo está presente siempre y no sólo en los horarios de protección al menor.

Resumiendo, vivimos en una sociedad completamente sexualizada. Quiero decirles que, en mi humilde opinión, esto no es positivo.

Claro que no comparto esa mentalidad arcaica de que el placer sexual trae aparejado castigos inimaginablemente horribles, pero esto de ver una lola o una cola cada 20 minutos me parece demasiado.

El sexo no debe ser reprimido, pero si está tan permitido se vuelve aburrido.
Una mujer con poca ropa ya no es algo provocador y sensual, es moneda corriente. Y lo corriente, lo manifiesto, pierde la gracia.

¿Es este el fin del misterio? Quizás llegó la hora de que las mujeres nos vistamos más, para poder desvestirnos mejor.
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lunes, 26 de julio de 2010

La verdadera Lady


En una sociedad sumida en la cultura de la apariencia, conviene recordar algunos conceptos básicos.

La imagen es un aspecto importante en la vida de la mujer, y como tal debe ser atendido. Sin embargo, otros valores deben ser cultivados.

De nada sirve una apariencia intachable, sin un comportamiento acorde.

Recordá que para ser una SEÑORA con todas las letras, una verdadera lady, se requiere mucho más que unos lindos modales, una cartera cara y un apellido paquete.

Una lady es quien se entrega con devoción a aquellos que ama.
Una lady es fiel. Nunca traiciona.
Una lady no alimenta rencores ni envidias.
Una lady no habla a espaldas de nadie.
Una lady respeta a los demás.
Y, ante todo, una lady se respeta a sí misma.
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sábado, 24 de julio de 2010

Chica de tapa


Las mujeres que salen en la tapa de las revistas son impresionantes. Tienen piel de porcelana, un pelo divino y un look perfectamente cuidado.

La chica de tapa es aquella con la que todo hombre quisiera salir, y la que toda mujer quisiera ser.

Sabemos que para lograr la tapa de una revista se requieren horas y horas de producción. Sin mencionar los mejores especialistas.

Entonces yo me pregunto ¿acaso las mujeres comunes no merecemos el mismo tiempo de producción?

La sociedad nos exige estar siempre impecables, pero no contamos con el tiempo suficiente.

Los trabajos cada vez vienen con horarios más imposibles ¿A quién se le ocurre que si salís a las siete de la tarde de la oficina vas a tener tiempo o energía para dedicar a tu imagen?

Y, por favor, que levante la mano la que nunca tuvo a su pareja paradito al lado de la puerta del baño preguntando: “¿te falta mucho???”

“Si, me falta mucho. Porque estar divina requiere dedicación. Así que no me apures!!!” Eso es lo que deberíamos contestarles. Pero no, nos apuramos para no hacerlos enojar.

Las mujeres tenemos derecho a demorar, porque somos mujeres.
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jueves, 22 de julio de 2010

El machismo en la intimidad


Existen muchas revistas femeninas que hablan acerca de cómo hacer felices a los hombres en la cama.

Todas sabemos que el factor-habitación es muy importante para el sexo masculino. Nadie niega que sea fundamental mantener contentos a nuestros compañeros, y reconocemos que sin eso difícilmente pueda haber paz en la pareja.

Pero pocas veces el planteo gira en torno a qué deberían hacer los hombres para mantener a sus mujeres incentivadas en el plano sexual.

Pareciera que el deseo femenino está subestimado. Es como si el disfrute del hombre tuviera prevalencia sobre el disfrute de la mujer.

Si uno lo analiza, el orgasmo masculino es necesario, en general, para lograr un embarazo, no así el femenino. De este dato natural parte toda una cultura que coloca a la mujer en un lugar secundario al momento del encuentro sexual.

Sin caer en el extremo de las culturas que recurren a la ablación de clítoris, aún en Occidente persiste una mentalidad pobre en lo que respecta al placer de la mujer.

A la idea de la mujer geisha que se preocupa por satisfacer los deseos de su hombre, debería sumarse la necesidad de que éste mantenga entusiasmada a su par.

Para ello es importante comprender la psiquis femenina. Los hombres son eminentemente visuales. Las mujeres somos diferentes. Nos gusta que nos hagan sentir seguras y mimadas.

Un hombre que lleva a su mujer a comer a un lugar lindo, con champagne y velas, probablemente obtenga una mejor noche de sexo, que otro que se pase dos horas embobado frente al televisor, sin siquiera preguntarle a su chica cómo pasó su día.

No estoy diciendo nada nuevo. A la mujer hay que mantenerla contenta, al igual que al hombre.
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sábado, 17 de julio de 2010

Gracias querido Internet


Me confieso una mujer anti-tecnología. Si, leyeron bien. Anti-tecnología. No le encuentro el sentido a tanto aparato.

Encima todos los días salen cosas nuevas, y no importa qué tan sofisticado es lo que te compraste, enseguida quedás desactualizada.

A pesar de esto, hoy me puse a pensar que le debo mucho a la tecnología.

No voy a caer en obviedades. Todos sabemos los avances que han habido en materia de salud y calidad de vida. Me refiero, en realidad, a un plano más personal.

Miren esto: si no fuera por Internet, no estaría hoy con mi futuro marido. Nos conocimos en un boliche y le pasé mi msn. Después de muuuuchas conversaciones tirándole indirectas, me invitó a salir. Yo les juro que sin ese maravilloso programita informático, esa primera salida nunca hubiera ocurrido. Y ahora ya son seis años de una feliz relación de pareja.

Muchas satisfacciones me ha dado también este blog. Piénsenlo, antes si te gustaba escribir tenías que conseguir que alguien te publicara o tenías que pagar si querías llegar a la gente. Hoy con sólo una conexión a Internet y una computadora alcanza.

Yo sé que este blog no tiene muchas visitas, pero no saben la satisfacción que siente una cuando recibe un comentario de un desconocido. Es genial.

Entonces puede que sea media inútil con el tema de la informática, y está claro que mi celular del año del hopo vale la quinta parte de mis zapatos, pero estoy muy agradecida a los avances de la tecnología. En serio, lo estoy.

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miércoles, 14 de julio de 2010

El egoísmo de ser padres


Hace varios días que el debate acerca del matrimonio gay viene acaparando espacios en los medios de comunicación.

No se preocupen, no voy a entrar en el análisis del tema, y tampoco tengo intención de dejar sentada mi posición al respecto.

Si quiero comentar un punto en particular, que me hizo mucho ruido cuando lo escuché. A ver si puedo explicarlo.

Espero no caer en un aburridísimo (para ustedes) estudio jurídico del proyecto que se está tratando en el Congreso. Voy a tratar de hacerla simple, porque, enfrentémoslo, soy abogada.

La comunidad homosexual rechaza el proyecto de unión civil. Cabe aclarar que esta institución reconoce a la pareja los mismos derechos que el matrimonio civil, a excepción de la adopción de niños.

Ello nos lleva a concluir que la lucha gay no es por el matrimonio en sí mismo, sino por la posibilidad de adoptar hijos como pareja.

Como argumento central para defender esta postura, las personas homosexuales esgrimen el derecho a la igualdad de todos los ciudadanos, en virtud del cual el Estado debe reconocer a todos los mismos derechos.

Aquí viene mi desacuerdo: NADIE TIENE DERECHO A ADOPTAR NIÑOS. Ni los homosexuales, ni los heterosexuales.

El derecho es del niño que se adopte, a ser criado en un ambiente propicio. Será cuestión de determinar, a través de estudios serios, qué debe considerarse por “ambiente propicio”, para tomar la decisión correcta.

Pero, por favor, terminemos con esta idea de que las parejas tienen el derecho a adoptar. La adopción, así como la filiación natural, es 100% un derecho del niño y 100% una responsabilidad para los progenitores.

Quizás cuando aprendamos a enfocar la paternidad y maternidad, desde la perspectiva de los menores, nos convertiremos, por fin, en los padres que nuestros hijos necesitan.

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domingo, 11 de julio de 2010

La fashion victim


Como dijo un experto: “La moda se desvanece, el estilo es eterno”.

Leí esta frase en un libro hace algunos años. Recuerdo haber pensado: es muy cierto. En aquella oportunidad interpreté que se trataba de una máxima aplicable a la ropa y los accesorios.

Tiempo después, me di cuenta de que Yves Saint Laurent se refería a algo más. El estilo no sólo importa al momento de armar el guardarropa. Es una actitud frente al mundo.

La fashion victim no es simplemente la mujer que necesita tener puesto el último grito de la moda, es la que no puede hacer su vida a su manera, sino que vive atada por las tendencias sociales. Es incapaz de rebelarse a los estándares de lo políticamente correcto, y ser ella misma le resulta imposible. Es incapaz de forjar un estilo propio.

Tener estilo es saber quiénes somos, o al menos estar interesadas en averiguarlo. Es respetarnos lo suficiente como para preguntarnos qué queremos en realidad. Es no prestar atención a las modas impuestas por sectores de la sociedad que nos resultan ajenos.

Es vestirnos como gustemos, buscar el trabajo que añoremos, pelear por los ideales que consideremos justos. Es subir sin pisar cabezas.

No importa lo que esté de moda en el ámbito de las relaciones de pareja. No importa lo que se use en el momento, vos podés hacerlo a tu manera.

No existen trabajos correctos. El empleo digno es el que elegís, desde el alma.

La moda se desvanece, porque con el correr de los años, fue cambiando lo que es socialmente valorado. Y, créanme, seguirá mutando.

Las mujeres con estilo son atemporales.
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sábado, 10 de julio de 2010

Serás la mujer de alguien o no serás nada


Las mujeres somos seres complejos y maravillosos. Cada una de nosotras, es única e irrepetible. A la vez, todas somos igualmente ricas de espíritu.

En pocas palabras, la naturaleza nos ha bendecido con miles de cualidades. Podemos ser y hacer lo que elijamos en la vida. Sin embargo, aún persiste la idea de que si una mujer se queda soltera, es una tragedia.

Se las han arreglado para meternos en la cabeza, que si no tenemos marido no somos nada.

Mi madre siempre dijo que todas las mujeres en realidad quieren casarse. Que hay que aprovechar las oportunidades porque son pocas. Como si los hombres fueran trofeos de guerra que tenemos que pelear por conseguir.

Estoy cansada de escuchar historias siniestras de chicas jóvenes (y no tanto) que se casan con el primero que les propone matrimonio ¡No vaya a ser que después no pase otro tren, y se queden solteras! Más vale separada que nunca casada. Parece que esa es la mentalidad imperante.

En las reuniones sociales, a las mujeres solteras se las trata como si tuvieran lepra. Se las mira con compasión, cuando en realidad lo único trágico es una persona que se casa por casarse.

La gente piensa que cuando una mujer encuentra marido, ya está hecha, ya cumplió su misión. Estar casada es un estado civil, no una profesión.

Enamorarse y tener un hombre para compartir momentos es genial, pero si no llega, lo último que hay que hacer es conformarse con el primer perejil que se cruce.

Es mejor invertir en una misma y canalizar toda la energía en enriquecer la autoestima, sin la cual nada importante puede construirse.
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miércoles, 7 de julio de 2010

La opinóloga


A las mujeres nos cuesta mucho manejar con prudencia el tema de la expresión oral.

Más de una vez nos pasa que nos queremos matar por algo que dijimos, y nos gustaría volver el tiempo atrás. Otras veces nos arrepentimos por no haber dicho algo en su momento.

A mí, en general, me gusta la gente que dice las cosas a la cara. Nada peor que esas personas que nunca se sabe lo que están pensando. Me da la sensación de que en cualquier momento pueden explotar. Guardarse todo no sólo no está bueno, es peligroso.

Además de las que nunca dicen nada, existe otro tipo de personas aún más detestables: los que dicen de todo, pero a tus espaldas. Pa-té-ti-co! Actitud que condeno enfáticamente.

Pero, esperen. La lista aún no termina. Aquí viene la peor especie de todas: la opinóloga. Son esas personas que necesitan siempre dar su opinión sobre todo, aún cuando no se la hayas pedido. O también puede suceder que efectivamente les pidas una opinión, pero que te lo repitan cien veces hasta hartarte.

Ustedes dirán que soy una caradura, ya que yo escribo este blog, que es básicamente de opinión. En mi defensa quiero decir que son cosas distintas. Yo acá elaboro y comparto, en abstracto, mis teorías sobre la vida femenina. Pero yo no me meto donde no me llaman.

Las opinólogas son las que opinan sobre la vida de los demás con una autoridad tal, como si realmente estuvieran pegadas a una todo el tiempo. Son las que te dicen que algo te queda mal, o que te subiste unos kilitos sin que les hayas preguntado. Son las que, como no tienen nada propio para hacer, se dedican a manejar la vida de los otros. Son las que creen que se las saben todas.

No me malinterpreten. No estoy en contra de la libertad de expresión. Simplemente estoy en desacuerdo con los comentarios innecesarios o sobreabundantes.

Escuché una vez que si no se puede mejorar el silencio, es mejor callar. Creo que es un aprendizaje que todas deberíamos incorporar.
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jueves, 1 de julio de 2010

Degustar la vida


Hace algunos años pasé por la vidriera de una librería y me puse a mirar la parte de novedades. Recuerdo haber visto un libro con el título: “Las francesas no engordan”. Me causó muchísima gracia. Me fui sonriéndome y pensando: “Que cosa tan ridícula”.

A los dos meses, irónicamente, me lo compré.

El libro terminó encantándome. Lo devoré en pocos días. Su enseñanza consiste, en pocas palabras, en que en lugar de obtener placer de la comida a través de la cantidad, hay que concentrarse en la calidad.

La idea es no privarse de nada, pero saber elegir. Si te comés una ensalada de lechuga y tomate, probablemente te resulte tan aburrido, que necesites una milanesa enorme para acompañarla. Pero si en cambio la ensalada tiene distintos tipos de hojas verdes, palta, un buen queso en hebras, un poco de pollo y un aderezo de oliva y miel, no vas a querer comer nada más. Un plato mediano de esta ensalada, una copita de chardonnay y unas galletitas marineras, constituyen una comida digna de una reina.

Si te gusta lo dulce, no te compres una barra gigante de un chocolate mediocre. Por el mismo precio, comprate un pedacito de chocolate suizo y maridalo con un buen té o café.

El libro está lleno de consejos útiles que te cambian la forma de ver la comida. Además tiene un montón de recetas.

El mundo gourmet es amplísimo. Cada país tiene su cultura gastronómica. Hay que probar de todo y aprender a disfrutar desde un asado criollo, hasta un buen sushi. A mí me fascina descubrir cosas nuevas. Cada vez que voy de viaje trato de pedir las especialidades típicas del lugar. No le encuentro ningún sentido a recorrer el mundo para pedir bife de chorizo. Existen miles de platos, de condimentos y de especias por ser conocidos.

¡Ni hablar de vinos! La variedad es increíble. Un buen tinto con tu chico a lado de una chimenea, o un blanco bien fresco con amigas en una tardecita de verano.

Desconfío de la gente que no le gusta comer. Creo que se pierden una parte fundamental de la vida. Es que si somos lo que comemos ¿Acaso no es mejor mantener una mentalidad abierta?
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miércoles, 30 de junio de 2010

Vamos a tomar un café


Hace unos meses me enojé mucho con una amiga. Ella dijo algo que para mí fue muy agraviante. Eso llevó a que, a pesar de conocerla y quererla desde hace años, decidiera no hablarle más.

No fue una decisión muy sabia. Supongo que ninguna decisión que se toma “en caliente” es sabia. Yo estaba indignada. Pasaron los meses sin vernos, y la relación se perdía cada vez más.

Hace poco, recapacité. Me di cuenta de que toda historia tiene dos campanas. Entonces hice algo que tendría que haber hecho mucho antes: levanté el teléfono y la llamé.

Ella, al principio se mostró fría, pero después me confesó que hacía mucho que esperaba mi llamado y que quería hablar conmigo. “¿Vamos a tomar un café? –me dijo.

Esta frase encierra mucho más de lo que parece. Ir a tomar un café implica que estás abierta a una reconciliación. Quiere decir que tenés ganas de escuchar lo que el otro te tiene que decir, y que vos también tenés mucho para decirle.

Ir a tomar un café significa “me interesás”.

Las amigas van a tomar café cuando están tristes, cuando están contentas, cuando están preocupadas y hasta cuando están enojadas. El café es la excusa de la amistad.

Queridas amigas, imagínense una vida sin ir a tomar un café. Imposible.

Es increíble la cantidad de historias que sobrevuelan las mesas de las confiterías. Podrían escribirse libros enteros.

Conclusión, estoy entusiasmada. Voy a ir a tomar un café con mi amiga. Nuestra amistad perdura.
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lunes, 28 de junio de 2010

La mudanza


En aproximadamente dos meses tengo que mudarme de casa.

Al parecer, a pesar de creerme muy moderna, en algunos aspectos soy bastante tradicional. Paso de la casa paterna a mi nuevo hogar conyugal.

La verdad es que viví sola algunos años cuando estaba en la universidad. Tiene su encanto. Podés pasearte con poca ropa, poner la música fuerte y bailar frente al espejo. De todas maneras, no me gustaría volver a vivir sola.

Es necesario tener un espacio propio y privado dentro de la casa, pero me gusta saber que hay alguien cerca.

En fin, me fui por las ramas. La cuestión es que me mudo, y me puse a pensar que una mudanza te trastorna bastante. No lo digo por el lío que implica el traslado en sí mismo, sino por el “lío emocional” que genera.

Empezás a sacar las cosas de los cajones y van apareciendo objetos que casi habías olvidado que tenías. Cosas antiguas, nuevas, regaladas, comparadas en algún viaje o en alguna oportunidad espacial… recuerdos de tu vida.

En general, uno tiene la falsa idea de que si alguna vez te mudás, vas a hacer limpieza. Entonces te das cuenta de que no querés tirar nada, porque todo te remonta a algún momento lejano, o no tan lejano. “Este es el collar que me compré con mi primer sueldo”, “Este es el bolso que me regaló mi mamá cuando me saqué mi primer 10” “Estos zapatos me los compré cuando me ascendieron”. Cada cosa tiene su valor sentimental. Y decidís conservar todo.

Dejar una casa te provoca una nostalgia terrible. Pensar en todos los momentos que viviste ahí te pone la piel de gallina ¡Cómo voy a extrañar a mi familia! Aunque sé que siempre va a estar.

Cuando la vida te regala nuevas oportunidades hay que abrazarlas con fuerza. Estoy lista para abrazar el cambio.
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sábado, 26 de junio de 2010

La reina de la casa


Durante siglos, las mujeres hemos sido consideradas un género inferior. No se nos permitía estudiar, votar, trabajar y, menos aún, opinar. Siempre un paso detrás del hombre, se nos ha definido como el “segundo sexo” o “sexo débil”.

Felizmente, esta mentalidad machista cada día desaparece un poco más. Ante todo, nosotras mismas vamos aprendiendo a valorarnos y a tener confianza, venciendo tabúes y prejuicios arcaicos e inútiles.

Las mujeres existimos para ser amadas y adoradas. Representamos la belleza, la fortaleza, la inteligencia aguda y la continuación de la vida.

No debemos conformarnos, sino aspirar a que el hombre que nos acompañe, sepa apreciarnos y cuidarnos como merecemos. A mí no me alcanza con que mi pareja me quiera. Necesito que esté loco por mí. Y que sea recíproco. De lo contrario, prefiero estar sola.

Hace poco fui a tomar el té a casa de una amiga. En el medio del living había una pintura muy grande con la imagen de la dueña de casa. La verdad es que quedé fascinada. Así debe ser –pensé. Hay que darle a la mujer un lugar central. La cabeza de familia. La reina de la casa.

Ya va siendo hora de que las mujeres volvamos a ocupar el trono que nos corresponde.
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jueves, 24 de junio de 2010

El descanso como recompensa



Tener momentos de ocio es necesario. Para relajarse, para estar con tus seres queridos, para hacer lo que te guste. El descanso es imprescindible para conservar la salud física y mental.

Pero los momentos de ocio se disfrutan más cuando se dedica gran parte del tiempo a alguna actividad productiva. Es fácilmente comprobable que cuando estuviste trabajando todo el día, el descanso es más anhelado, se siente más merecido y, por lo tanto, se valora más.

El ocio es un arma de doble filo. Es fundamental para una vida equilibrada. Sin embargo, es peligrosamente desilusionante cuando abunda. Pasar mucho tiempo sin hacer nada es tan perjudicial como el exceso de trabajo. El descanso no es un bien en sí mismo. Es sólo un platillo de la balanza.

Nada más reconfortante que la sensación del deber cumplido. Al terminar el día, junto con la tranquilidad del descanso, se vive la satisfacción de haber sido útil.
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jueves, 17 de junio de 2010

El poder de la belleza



Las cosas lindas atraen la atención humana. Pero tienen además la capacidad de levantarnos cuando estamos un poco caídos de ánimo.

No digo que podamos ahogar nuestras angustias existenciales en cosas mundanas. Simplemente creo que cuando disfrutamos de lo estético, el espíritu de alguna forma también se enriquece.

Hace pocos días alguien que conozco estaba pasando por un momento complicado. Se encontraba triste y desganado. De repente, pasan por televisión una propaganda del mundial de futbol, con esa música tan linda que tiene. Entonces esta persona, por primera vez en días esboza una sonrisa. “El mundial me pone de buen humor” – me dijo.

Claro que un par de goles no iban a solucionar su problema, pero en ese momento fue un mimo para el alma.

Confieso, con riesgo de sonar un poco hueca, que a mí me pasa algo similar, pero con la última cartera que me compré. La busqué por todos lados y es divina. Es una pavada y no borra mis preocupaciones, pero cada vez que la miro me pone contenta.

Hoy, camino a una reunión, pasé en un taxi por al lado de mi confitería favorita. No paré para tomar un café, ni nada. Sin embargo, sólo el hecho de que esté ahí, sólo verla me causó una mini-sensación de felicidad. Es que las cosas bellas tiene esa virtud.

El Papa Benedicto XVI una vez dijo: “¿Acercar el hombre a Dios y Dios al hombre no pasa sobre todo a través de lo que llamamos humanidad?... Amar las cosas humanas, amar la belleza de la Tierra, no es sólo humano, sino también muy cristiano”.
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miércoles, 16 de junio de 2010

La publicidad y los estereotipos


Hay quienes piensan que la publicidad es un reflejo de la sociedad. Queridas amigas, permítanme decirles que, si es así, estamos en el horno.

Para empezar, todas las propagandas de productos de limpieza tienen como protagonistas a mujeres. Pero no a mujeres normales, sino a amas de casa desesperadas cuya principal preocupación es que el inodoro quede bien limpio o que los pisos estén relucientes. Estas damiselas en desgracia reciben con cara de asombro y felicidad desbordante, la llegada de un señor musculoso que viene a salvarlas de tener que fregar, o la visita de una gota simpática de detergente.

Ante esto quisiera aclarar algunas cosas. Primero, tanto hombres como mujeres tenemos la misma capacidad de limpiar la casa. Segundo, a las mujeres no nos emocionan los productos de limpieza, nos conmueven las joyas, y en el peor de los casos, las flores. Tercero, todas esas propagandas son malísimas.

Por otro lado, tenemos las publicidades de productos para hombres. Voy a tomar como ejemplo la más nefasta de todas. Se trata de un desodorante que tiene como particularidad convertir hasta al más feo de los hombres, en una especie de imán de mujeres.

A continuación, mis comentarios. En primer lugar, las mujeres no nos comportamos como gatas en celo. No nos damos vuelta a mirar un tipo por el olor, y menos si se trata de un desodorante berreta. Además, tengo la esperanza de que esta propaganda esté cometiendo una injusticia al caracterizar a los hombres como lo hace, porque si realmente se sienten identificados, es muy lastimoso.

Quiero creer que las mujeres tenemos cosas más importantes que hacer que elegir un limpiador y que los hombres son más que muchachitos desgarbados a la pesca de minitas por docena. Ojalá los publicistas algún día se enteren.
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lunes, 7 de junio de 2010

Por amor a vos


¿Alguna vez te preguntaste por qué hay mujeres que son naturalmente glamorosas?

Seguramente estarás pensando: “Yo invierto cualquier cantidad de tiempo y plata en estar bien, pero nunca quedo como yo quiero”.

Luego de varios años de observación a este tipo de mujeres que están siempre divinas, llegué a una conclusión: La diferencia está en que a ellas les gusta arreglarse.

Si, tan simple como eso. Hay personas que disfrutan del proceso de producción.

La mayoría de las mujeres que conozco “sufren” para estar lindas. No les gusta hacer ejercicio. Asocian comer sano a comer poco. Les da fiaca peinarse y pintarse. Etc.

Así nunca vas a lograr buenos resultados. Las cosas que se hacen de mala gana no salen bien. Obvio que a nadie le divierte depilarse, pero es importante que aprendas a disfrutar de tu producción. Es una forma de diseñar tu imagen personal. Nada menos que una forma de arte.

Y no lo hagas por los motivos equivocados. No trates de mantenerte flaca o joven porque la sociedad te lo demanda. Hacelo por vos. Y si no, no lo hagas.

Ser coqueta es una característica de la femineidad. Encontrá tu estilo, y vivilo con relax.

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viernes, 4 de junio de 2010

Libre para disfrutar


Todos nosotros empezamos a caminar por esta vida con una mochila vacía. A medida que van pasando los años, vamos cargando piedras, piedritas y piedrotas. Llevamos sobre nuestra espalda complejos, traumas, miedos e inseguridades. Todo producto de experiencias negativas, o de nuestra propia personalidad.

Considero que es normal llevar un poco de equipaje. Desconfío de quien diga que no tiene preocupaciones. Ahora bien, el problema es grave cuando toda esta carga emocional nos afecta tanto, que no nos permite disfrutar de las cosas buenas de la vida.

Enfrentémoslo, las mujeres somos especialistas en cargar la mochila. Me parece que mucho más que los hombres.

No es fácil encontrar un mecanismo que nos ayude a despegarnos de todos nuestros conflictos internos y externos, para poder relajarnos en las situaciones lindas. Requiere de una capacidad de abstracción considerable, y no todas la tenemos.

Aún así, cada día debemos trabajar para recuperar el disfrute. Es algo que nos debemos a nosotras mismas, como personas. Además, cuando vos estás bien, transmitís tranquilidad a todos aquellos que te quieren.

Para disfrutar hay que ser libre. Que tus miedos no te limiten.

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domingo, 30 de mayo de 2010

La cultura de la culpa


Les cuento que estoy haciendo el curso prematrimonial. No sé si les dije, pero me caso.

Bueno, cuestión que fuimos con mi novio a una charla que daba una pareja que está casada hace muchos años.

Éramos varios. Se hizo bastante ameno. Tocamos temas como el compromiso, la convivencia, la fe, la paciencia, la fidelidad, etc.

Con respecto a este último tema, se dijeron algunas cosas que me llamaron la atención. Perdonen que sea un poco repetitiva. Tengo claro que este asunto de la fidelidad ya lo abordamos hace unos pocos posts, pero en esta oportunidad, es otro el enfoque que quiero darle.

En un momento de la reunión, el señor casado nos preguntó porqué pensamos que se da el tema de la infidelidad en el matrimonio. Una de las chicas que se está por casar, respondió que la gente es infiel porque no encuentra suficiente comprensión en su pareja.

A mí esa respuesta me hizo ruido. Entonces yo le contesté que para mí esa es una forma de pensar bastante característica de nosotras las mujeres, pero no tanto de los hombres. A ver, puede que algún que otro hombre engañe a su mujer porque “no se siente lo suficientemente comprendido”. Sin embargo, no creo que sea el caso de la mayoría.

Y así caemos en, la tantas veces enunciada, diferenciación entre las infidelidades femeninas y masculinas. La mujer engaña cuando le pasa algo en el corazón (perdonen la cursilería). El hombre engaña cuando le pasa algo allí abajo.

De nuevo, no estoy diciendo que esto se aplique a todos los hombres y mujeres del mundo. Sólo estoy afirmando que, en general, esto es así. Y no es ninguna novedad.

Pero cuando dije esto en la reunión del prematrimonial, todos me miraron como si estuviera hablando en ruso. Parecía que no sólo nadie compartía mi opinión, sino que no tenían la más mínima intención de, siquiera, considerarla. Entonces el señor casado me miró con una mezcla de escepticismo y desgano y me dijo: “cuando uno de los dos es infiel, es porque falló el diálogo en la pareja”.

Yo, sin ánimo de ponerme a discutir como una loca, pensé para adentro mío: “NO, muchas veces vos das los mejor de vos y te ponen los cuernos porque tu marido se calentó con las lolas de la vecina”. Es evidente que no podía contestar eso ¿no?

A lo que voy es a que me parece ridículo pensar que si te fueron infiel, por algo es ¡Cuántas pobres mujeres mortificadas hay por el mundo gracias a esta mentalidad! Mujeres carcomidas por el siguiente interrogante: ¿Qué hice mal? Te tratabas de mantener linda, lo cuidabas, lo escuchabas y hasta accediste a hacer cosas impensadas en la cama para no perderlo… y aún así salió a buscar aventuras fuera de tu casa…

No es tu culpa, querida. Es todo atribuible al modo de ser masculino, diseñado para esparcir la semilla. Muchos hombres no pueden dominarse por respeto al ser amado. No le demos más vueltas.

Mis amigas, desde este humilde espacio, las invito a salir del universo de la culpa, y a abrazar una autoestima sólida. Como dicen en la publicidad: porque vos lo valés.
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domingo, 23 de mayo de 2010

No estés triste


Para todas ustedes que sufren por algún motivo.

¡No estés triste! Te tenés a vos misma.

Podés mimarte con algo lindo, como un vestidito nuevo, y si no podés pagarlo, con unas flores.
Podés cocinarte algo rico. Como una deliciosa tarta de manzana tibia (ponele helado de crema).
Podés leerte un buen libro.
Podés salir a correr, libre.
Podés superarte. Reinventate. Renovate. Cree en vos.
Podés rezar. Dios te escucha.

Nada te turbe.
Nada te espante.
Todo se pasa.
Dios no se muda.
La paciencia todo lo alcanza.
Quien a Dios tiene nada le falta.
Sólo Dios basta.


Santa Teresa de Ávila
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sábado, 22 de mayo de 2010

Los grises de la vida


A medida que pasan los años, cada vez me cuesta más hacer afirmaciones irrefutables.

Cuando era chica creía que tenía todo claro. Sabía qué me gustaba y qué no. A qué quería dedicar mi vida, y contaba con una larga lista de cosas que “nunca” iba a hacer.

Pero las experiencias por las que uno va pasando, de a poquito te cambian. Descubrís, entonces, que no todo es tan blanco o tan negro como vos pensabas. Y llegan las crisis. Porque todo lo que te parecía incuestionable antes, ya no lo es tanto.

Nunca digas nunca” es una frase muy sabia. Porque uno no sabe cómo puede reaccionar ante determinadas situaciones límites.

Ahora bien ¿cómo hacemos para sobrevivir estas incertidumbres sin caer en un vacío relativismo?

Ser flexible y abierto a la vida es bueno, sin embargo, no es deseable que todo nos dé igual. Debemos tener ciertos valores inquebrantables.

El equilibrio, en este sentido, es muy difícil de alcanzar.

Quizás la clave esté en aceptar que cada persona es un mundo, que cada uno "pilotea" la vida como puede. Respetar a los demás. Tolerar, en la medida en que no se afecten los derechos de terceros.

Apuntar a la perfección moral, pero siempre teniendo en cuenta nuestras limitaciones humanas. Limitaciones que son naturales, y que hacen que la superación personal sea aún más aplaudible.

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viernes, 21 de mayo de 2010

Una mente inquieta


Ayer me puse en pensar en cómo es la mente de los que escribimos. No sé si a los demás les pasará, pero la mía nunca descansa. En serio. Está siempre en movimiento pensando en teorías o hipótesis. Se me ocurren cosas todo el tiempo. Hasta tengo papel y lápiz en mi mesa de luz por si me viene una idea a la mitad de la noche.

Confieso que es agotador. A veces me gustaría poder “desenchufar” por unos minutos mi cabeza, o ponerla en agua fría. Porque una mente que no para ni un minuto, piensa cosas de todo tipo. Y, por momentos, puede ser perjudicial para la salud.

Leyendo los libros de mis autores favoritos, me di cuenta de que es probable que esto les suceda a todas las personas que les gusta escribir. En realidad, no sólo a los escritores, sino a los artistas en general.

Elizabeth Gilbert, la autora de “Comer, Rezar, Amar”, explica que los escritores siempre han tenido una reputación de poca estabilidad mental. Lo cierto es que la historia lo confirma. De hecho, grandes mentes creativas han encontrado su final bajo la oscura sombra del suicidio.

El proceso creativo es muy complejo. Gilbert tiene su particular visión sobre el tema (podés verlo aquí). Yo tengo una visión distinta. Seguramente existen tantas interpretaciones del proceso creativo como artistas sobre la Tierra. Pero lo que parece ser innegable es que la mente del que escribe está siempre enfrascada en pensamientos. Y esto es una bendición y una condena al mismo tiempo.

Hay quienes dicen que se puede dominar la mente. Yo todavía no lo he conseguido. Así es la vida de quienes estamos “atrapados” en el mundo de las ideas.







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jueves, 20 de mayo de 2010

Ocupate


¡Qué importante que es sentirse buena en algo!

Yo no podría vivir sin trabajar. Algo tengo que hacer.

Es incomparable la sensación de satisfacción que experimentamos cuando tenemos nuestro propio proyecto y somos valoradas por ello.

Trabajar es salud. Te mantiene ocupada, y todas sabemos lo peligroso que es tener demasiado tiempo para los pensamientos ociosos.

Tener una ocupación te hace sentir útil y querida. Y si además tenés la suerte de que tu actividad te haga ganar plata como para lograr la independencia económica, entonces considerate una persona realmente bendecida.
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miércoles, 19 de mayo de 2010

El engañoso camino de la fidelidad


Cuando nos ponemos de novios, nos comprometemos implícitamente a ser fieles. Casi nunca decimos: “voy a serte fiel”, nos ponemos de novios y punto. Se sobrentiende que no se puede estar con nadie más.

Cuando nos casamos, esa promesa de hace explícita “prometo serte fiel en la salud y en la enfermedad…”

La fidelidad es, como venimos diciendo, una promesa ¿Qué prometemos? Que no vamos a intimar con ninguna otra persona sin el consentimiento de nuestra pareja. Surge con claridad que se trata de un concepto que no existe sin un compromiso. No se puede ser fiel o infiel sin previamente haberse comprometido con alguien.

Este compromiso, en general, se hace bilateralmente y simultáneamente con la otra persona. Uno promete ser fiel y espera que el otro también lo sea.

Lo engañoso comienza cuando uno de los dos rompe su promesa. Creo firmemente que esto provoca una ruptura del vínculo de la pareja. El compromiso inicial, bilateral y simultáneo ya no existe. Por lo tanto, ya no existe la relación.

He observado con preocupación como muchas personas, en su mayoría mujeres, hacen una interpretación retorcida del concepto de fidelidad. Piensan que deben seguir cumpliendo su promesa aún después de haber sido repetidamente engañadas.

Se atan, de esta manera, a relaciones enfermizas, en las que soportan estoicamente desaires y humillaciones para “salvar la pareja”. No se dan cuenta que ya no hay pareja que salvar y se engañan a sí mismas creyendo que las cosas van a cambiar.

Seamos fieles a nosotras mismas, a nuestra dignidad, y cortemos por lo sano. Merecemos que nos quieran bien.
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sábado, 24 de abril de 2010

Dejar todo y partir


Les cuento que estoy leyendo el libro de Elizabeth Gilbert: “Comer en Italia, rezar en India y amar en Indonesia”.

Me lo recomendó una amiga. Al principio me pareció un divague total el título y no me tentó mucho. Después leí una crítica en una revista femenina. Decía que el libro es muy bueno y que ha tenido una fuerte aceptación entre las mujeres. Basta con decirles que la Señora Gilbert ha vendido más de cuatro millones de ejemplares. Impresionante ¿no?

La verdad es que recién empiezo a leerlo asique no puedo opinar mucho. En todo caso cuando lo termine les cuento. Por ahora quiero hacer una reflexión preliminar.

La autora es, a su vez, la protagonista del libro. Luego de un divorcio terrible, Gilbert decide alejarse de todo y hacer un viaje de un año. Ella consigue que la editorial en la que trabaja le compre por anticipado un libro que va a escribir sobre su viaje. Elije tres destinos del mapa, y se va. Hasta acá llegué.

Lo que me llama la atención es la capacidad que tienen ciertas personas de hacer un cambio total en sus vidas y, como es este el caso, salir airosas.

Elisabeth lo pierde todo: su matrimonio, sus bienes y su tranquilidad mental. Entonces se embarca en una aventura considerable, y todo le termina saliendo bien: parece que descubre la paz, el sentido de la vida y hasta publica un best seller que le vuelve a llenar los bolsillos.

Honestamente yo no creo en esta alternativa de apretar el botón de reset cuando las cosas se nos van de las manos. Más aún, pienso que es muy difícil que encuentres de esa forma lo que te fuiste a buscar. Realmente no me parece una reacción lógica.

Creo que todas hemos tenido momentos en la vida en los que tenemos ganas de largar todo e irnos lejos. Ahora, si yo le dijera a mi familia y amigos que tengo pensado irme un año a Italia, India e Indonesia a encontrarme conmigo misma, probablemente asuman que he perdido la razón.

Pero yo no soy quien para juzgar a nadie. Parece que hay gente, como Gilbert, que se anima, se manda y, para rematarla, ¡le sale bien!

Por esto, hoy quiero levantar mi copa imaginaria de champagne por estos espíritus desestructurados del mundo ¡Brindo por el valor! ¡Brindo por animarse! ¡Brindo por la oportunidad de empezar de nuevo!
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